El Mejor Regalo de una Madre a sus Hijos

mother and daughter

Sé que no soy tradicional. En el Día de las Madres, seguramente estás acostumbrada a que te digan lo grandiosa que eres, lo sacrificada que es tu profesión de madre, y lo mucho que haces por tus hijos. Pero hoy, siendo tan irreverente como soy, me atrevo a pedirte que reflexiones un poco sobre tu rol en la vida de tus hijos.

Verás. Mucho se dice sobre todo lo que las madres sacrifican por sus hijos, todo lo que las madres cantaletean para que sus hijos “aprendan”, y lo importante que es para una madre desvivirse para que sus hijos tengan ciertas cosas, aprendan ciertas cosas, y eviten ciertas cosas. Pues bien, vamos a examinar el caso de la maternidad en detalle.

Resulta madre, y me incluyo, que las mujeres tenemos un rol extraordinariamente especial y difícil. Somos portales interdimensionales. ¡Wow! Eso suena a Star Trek, ¿no? Pues sí, eso somos. Somos el vehículo por el cual un ser desencarnado, un alma, energía pura, toma un cuerpo físico tridimensional y entra en nuestra realidad material. ¡Diache! Eso suena fuerte. Pues lo es, sobre todo, porque el hecho de cargar a esas hermosas criaturas por nueve meses dentro de nuestros vientres, en ocasiones pensamos que nos da el derecho de sentirnos dueñas de ellas. Nada más lejos de la realidad.

Madre, tus hijos vinieron al mundo con un propósito (más allá de provocarte estrías, sacarte canas, y terminar con tus horas de sueño por el resto de tu vida). Todos venimos a este mundo a aprender de las lecciones que nos esperan, porque si sabemos aprovecharlas, ellas nos edificarán y nos harán mejores seres humanos.  Y eso incluye a tu nena, sí, a la que se enamoró del “tráfala” ese que tiene una pantalla en la lengua y que tú no quieres ver ni en pintura. ¿Sabes qué? No te corresponde evitarle a tu nena que pase por esa relación, y por su posible consecuente desilusión amorosa (aunque quién quita que el “tráfala ese” sea un santo; ¡déjate de estar juzgando a la gente por su apariencia!). Una cosa es que la aconsejes, una cosa es que ANTES de que llegue a la edad de enamorarse, te sientes con ella y le expliques todas las emociones que va a sentir cuando eso le suceda. Y recuerda que dejarla ver la novela esa no cuenta como educación sentimental (posiblemente todo lo contrario). Ahora bien, cuando el momento llegue de que la nena se enamore, la nena se va a enamorar de quien le salga a ella del corazón o de las hormonas. Y eso no lo puedes evitar. Interponerte sólo interrumpe el plan divino para con tu nena, y aunque no lo creas, retrasa su desarrollo espiritual. Míralo de esta forma, si Dios le mandó esa experiencia, es porque ella la puede manejar. Recuerda que Dios nunca nos da más carga de la que podemos llevar sobre los hombros, y en adición, nos dio un ángel guardián que está dispuesto a quitarnos esa carga y llevarla por nosotros, siempre y cuando le pidamos su asistencia (de lo contrario, respetará nuestro libre albedrío).

mother-and-sonPero tú, la madre del nene, no te creas que esto no te aplica igual. Sí tú, la que te preocupa que tu nene el monaguillo, el estudiante de cuatro puntos, se te enamoró de la muchachita esa de la vecina, la estudiante de bajo promedio, la que está cubierta de tatuajes, que se ha acostado con la mitad de la escuela superior, y no es lo que tú quieres para tu nene. Igual te digo, evitarle esta experiencia a tu hijo atenta contra su misión en la vida, pues te interpones en el plan divino, y en adición, quizás esa chica es la que lo va a amar como nadie más en la vida (excepto tú, por supuesto ;-).

Todos estos deseos de evitarle a tus hijos pasar por lo que tú pasaste o por lo que has visto a otros pasar, no son otra cosa que reflejo de tus propios miedos. Lamentablemente, tendemos a heredarle los miedos propios a nuestros retoños. Desde el terror a las cucarachas, los sapos y los ratones, hasta cosas más importantes y trascendentales como el miedo al fracaso, a la desilusión y al rechazo. Y aquí estriba nuestro mayor reto: heredarle a mis hijos las herramientas para crear su propio futuro y sus propias experiencias, y no “intoxicarlos” con aquello que me ata a mí. Te voy a dar dos ejemplos bien sencillos, y que me atrevo a tomar prestados de esa ilustre venezolana que ya no está físicamente entre nosotros, pero que continúa educándonos a través de su maravillosa obra literaria: Conny Méndez (Si no la conoces, búscala en google”. No te vas a arrepentir de leer su Librito Azul, y consigues el pdf de gratis en internet). Conny utilizaba estos dos ejemplos que me marcaron a los 13 años cuando la leí por primera vez.

Número uno: ¿Por qué le decimos a nuestros hijos que mojarse con el agua de lluvia les va a causar un resfriado? ¿Acaso no es lo mismo que mojarse con el agua de la ducha? Si existe algún estudio científico que demuestre que mojarse con el agua de la lluvia causa resfriado, por favor, les agradeceré que me hagan llegar la información. Créanme que yo ya lo busqué en Google, y todo lo que encontré fue que estresores externos “pudieran” aumentar la posibilidad de que alguien se enferme.  Pero la ciencia dice, que la gente se enferma por exponerse a virus o bacterias. Y si me preguntan, seguro que el agua de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados tiene más de esos que la de lluvia. Ahora bien, nuestros cerebros son fácilmente maleables y adiestrables, sobre todo en la niñez, y muy bien crearán la respuesta para la cual se les programó desde bebés. De tanto decirle a alguien que se va a enfermar si se moja, créeme que su cerebro lo va a complacer y se va a resfriar.  Número dos: “Nene, deja de hacer eso, que te vas a caer y te vas a dar un golpe”. La madre que no haya dicho esto (y me incluyo), que tire la primera piedra. ¿Sabes qué? Lo peor de todo no es que estemos condicionando al niño a que tema golpearse, lo terrible es que luego le decimos: “¡Te lo dije que te ibas a caer!” Pues claro que se iba a caer, si se lo pronosticaste, se lo informaste, se lo cantaleteaste, y por ende, lo convenciste. Con esto no me refiero a que no vayas a detener una conducta insegura de tus hijos. No es eso. Pero cuántas veces no decimos esta frase cuando realmente no existe un peligro real. Piénsalo la próxima vez que vayas a utilizarla, y dime si no fue una exageración para la situación específica.

Es importante que recordemos que nuestros hijos vinieron através de nosoyoli dante2tros, pero no son nuestros. Son entes totalmente independientes (al menos mientras sean parte de esta tercera dimensión material), con un alma propia, una misión propia, y unas necesidades propias. Tus hijos no vinieron al mundo para estudiar lo que tú querías pero no hiciste nunca (y si estas vivo, ¡todavía puedes!). Tampoco vinieron para cuidarte cuando tú estés viejo (¡Qué mito más egoísta! El verdadero amor no espera nada a cambio). Tampoco, para convertirse en la estrella de tu deporte favorito, el cual a él o a ella le da lo mismo, pero que tú piensas que te va a sacar de pobre cuando llegue a grandes ligas. Pero con esto no quiero decir que no puedas con la misión de ser madre. Tus hijos te escogieron a ti (sí, antes de cruzar el portal interdimensional, lo hablaron con Dios). Y te escogieron porque eres la persona perfecta para enseñarles lo que necesitan aprender en esta vida, o quizás porque vienen a enseñarte ellos a ti (y díganme que no hay muchísimos niños por ahí que son almas viejas y saben más de compasión y de amor incondicional que muchos adultos). Sin embargo, esa enseñanza que le debes ofrecer, debe brotar de tu amor y no de tus miedos. Dale a tus hijos el espacio para ser ellos mismos, para explorar sus capacidades y su espiritualidad sin tapujos y sin juzgarlos. Y por sobre todas las cosas, herédales una mente positiva, enséñales a ver lo bueno de cada situación, y ofréceles el respeto que se merecen como seres humanos. Ese es el mejor regalo que una madre le puede hacer a sus hijos. Continue reading “El Mejor Regalo de una Madre a sus Hijos”