Vivir en Fe

20150524_200928_LLSIndependientemente de nuestras creencias, todas las grandes religiones hacen hincapié en la importancia de tener fe. Mucho se ha dicho de la fe: que mueve montañas, que se trata de creer sin ver, que el que la posee nunca está solo. Sin embargo, muchas de estas frases se convierten en la vida de muchos en un simple cliché que repetimos cuando no sabemos qué más decir. Porque una cosa es hablar de fe, y otra muy diferente vivir en fe.

En innumerables ocasiones me he cuestionado por qué vivimos en una constante disonancia con este concepto. Por ejemplo, es muy común que escuchemos a las personas que dicen creer en la vida eterna, confesar el terror que tienen a la muerte. Me cuesta trabajo negociar  esta paradoja, pues si usted es fiel creyente de que del otro lado del puente hay vida eterna, ¿por qué entonces teme cruzarlo? Así sucesivamente, vemos muchos ejemplos en nuestro diario vivir. Siempre me ha consternado que muchos de los que se pintan como los más devotos a su fe, son los primeros que en un momento de crisis, pierden por completo la calma. Y es que la fe no se trata solamente de ponerle sus situaciones en las manos a ese ser superior, se trata de dar por hecho que la situación ya está resuelta de la mejor manera para todos los involucrados, en armonía con el orden divino, y sobre todo DAR LAS GRACIAS como si ya hubiese sucedido. Eso es demostrar su fe. Porque si usted pide con miedo de que no lo van a escuchar, si pide con pena, pensando que no se merece la ayuda que solicita, o si siente que las situaciones son un castigo para usted, entonces no espere un milagro.

La fe no simplemente se verbaliza, la fe se demuestra con actos. Con actos tan “descabellados” como el de los apóstoles que siguieron a Jesús, que abandonaron todo: sus instrumentos de ganarse el pan (entiéndase sus barcos pesqueros), sus familias, sus hogares, y se fueron siguiendo a un hombre que les vendía un ideal. Utilizo este ejemplo de la fe cristiana por ser el grupo que más conozco. Imagínese amigo cristiano, que en el día de hoy se le apareciera Jesús y le dijera: “ Te voy a enseñar todos los secretos de la salvación y la vida eterna, pero necesito que creas en mí, en que nada te faltará, y abandones tu apartamento con vista al mar, tu trabajo en esa empresa privada que te ofrece beneficios de plan de salud, plan de retiro y bono de Navidad, y que te alejes de la casa de tus padres porque necesito que lleves mi palabra a los confines del planeta”. ¿Estaría usted dispuesto a dejarlo todo sin chistar y seguirlo? ¿O acaso eso sólo se pretendía de las gentes de principios de la era cristiana? Afortunadamente, no siempre se nos piden sacrificios tan grandes como ese, pero le garantizo que sí se espera de nosotros una fe que se demuestra, no que se verbaliza para luego morir ahogada en las dudas y la complacencia.

Estando claros en nuestra fe, debemos entonces tomar acción hacia lo que deseamos, dando por sentado que ya se nos concedió. Comportarnos como si ya tuviéramos eso que hemos solicitado en armonía con el plan divino y para el bien de todos. Dar esos pasitos que nos acerquen más a nuestra meta. El viejo adagio de “Ayúdate, que yo te ayudaré.” Con esta actitud, estamos demostrando nuestra fe. Igual que aquella mujer que tocó el anto de Jesús entre la multitud y fue sanada de su enfermedad. Ella se decía a sí misma: “Si alcanzo a tocar aunque sea su manto, me sanaré”. Efectivamente, la mujer fue sanada de inmediato, y Jesús le dijo: “Hija, por tu fe has sido sanada.”

20150524_200814Otro elemento de suma importancia en este proceso de demostrar la fe, es que mantengamos siempre nuestra cara en alto, nuestro ánimo alegre, nuestro espíritu sereno, y un eterno agradecimiento en nuestro corazón. Las situaciones, por más negativas o insufribles que nos parezcan, tienen una razón de ser dentro del plan divino para nuestro crecimiento espiritual. Por ende, aunque de momento no entendamos las razones detrás de nuestras penas, debemos siempre mantenernos agradecidos de la oportunidad de enfrentar esos retos que a la larga, nos acercan más a la perfección del ser. Debemos ver las bendiciones inherentes en todos los procesos de nuestras vidas.

Los budistas afirman que la fe funciona como esa energía inspiradora que abre a las personas a la confianza en las enseñanzas de Buda. Para ellos, la fe es un proceso de comprobar por uno mismo las enseñanzas, a través de la experimentación. Es un viaje espiritual donde encontramos PAZ y LIBERACION.

Te invito a que te comprometas hoy contigo mismo, en emprender ese viaje espiritual, donde la meta no es otra que la realización de tu máxima expresión como ser humano. Porque como esa hermosa canción de sanación titulada Ábrete Corazón: “…para llegar a Dios, hay que aprender a ser humano”. (Puedes escuchar la canción y leer la letra aquí http://cienciacosmica.net/abrete-corazon-musica-espiritual/ ).

El Mejor Regalo de una Madre a sus Hijos

mother and daughter

Sé que no soy tradicional. En el Día de las Madres, seguramente estás acostumbrada a que te digan lo grandiosa que eres, lo sacrificada que es tu profesión de madre, y lo mucho que haces por tus hijos. Pero hoy, siendo tan irreverente como soy, me atrevo a pedirte que reflexiones un poco sobre tu rol en la vida de tus hijos.

Verás. Mucho se dice sobre todo lo que las madres sacrifican por sus hijos, todo lo que las madres cantaletean para que sus hijos “aprendan”, y lo importante que es para una madre desvivirse para que sus hijos tengan ciertas cosas, aprendan ciertas cosas, y eviten ciertas cosas. Pues bien, vamos a examinar el caso de la maternidad en detalle.

Resulta madre, y me incluyo, que las mujeres tenemos un rol extraordinariamente especial y difícil. Somos portales interdimensionales. ¡Wow! Eso suena a Star Trek, ¿no? Pues sí, eso somos. Somos el vehículo por el cual un ser desencarnado, un alma, energía pura, toma un cuerpo físico tridimensional y entra en nuestra realidad material. ¡Diache! Eso suena fuerte. Pues lo es, sobre todo, porque el hecho de cargar a esas hermosas criaturas por nueve meses dentro de nuestros vientres, en ocasiones pensamos que nos da el derecho de sentirnos dueñas de ellas. Nada más lejos de la realidad.

Madre, tus hijos vinieron al mundo con un propósito (más allá de provocarte estrías, sacarte canas, y terminar con tus horas de sueño por el resto de tu vida). Todos venimos a este mundo a aprender de las lecciones que nos esperan, porque si sabemos aprovecharlas, ellas nos edificarán y nos harán mejores seres humanos.  Y eso incluye a tu nena, sí, a la que se enamoró del “tráfala” ese que tiene una pantalla en la lengua y que tú no quieres ver ni en pintura. ¿Sabes qué? No te corresponde evitarle a tu nena que pase por esa relación, y por su posible consecuente desilusión amorosa (aunque quién quita que el “tráfala ese” sea un santo; ¡déjate de estar juzgando a la gente por su apariencia!). Una cosa es que la aconsejes, una cosa es que ANTES de que llegue a la edad de enamorarse, te sientes con ella y le expliques todas las emociones que va a sentir cuando eso le suceda. Y recuerda que dejarla ver la novela esa no cuenta como educación sentimental (posiblemente todo lo contrario). Ahora bien, cuando el momento llegue de que la nena se enamore, la nena se va a enamorar de quien le salga a ella del corazón o de las hormonas. Y eso no lo puedes evitar. Interponerte sólo interrumpe el plan divino para con tu nena, y aunque no lo creas, retrasa su desarrollo espiritual. Míralo de esta forma, si Dios le mandó esa experiencia, es porque ella la puede manejar. Recuerda que Dios nunca nos da más carga de la que podemos llevar sobre los hombros, y en adición, nos dio un ángel guardián que está dispuesto a quitarnos esa carga y llevarla por nosotros, siempre y cuando le pidamos su asistencia (de lo contrario, respetará nuestro libre albedrío).

mother-and-sonPero tú, la madre del nene, no te creas que esto no te aplica igual. Sí tú, la que te preocupa que tu nene el monaguillo, el estudiante de cuatro puntos, se te enamoró de la muchachita esa de la vecina, la estudiante de bajo promedio, la que está cubierta de tatuajes, que se ha acostado con la mitad de la escuela superior, y no es lo que tú quieres para tu nene. Igual te digo, evitarle esta experiencia a tu hijo atenta contra su misión en la vida, pues te interpones en el plan divino, y en adición, quizás esa chica es la que lo va a amar como nadie más en la vida (excepto tú, por supuesto ;-).

Todos estos deseos de evitarle a tus hijos pasar por lo que tú pasaste o por lo que has visto a otros pasar, no son otra cosa que reflejo de tus propios miedos. Lamentablemente, tendemos a heredarle los miedos propios a nuestros retoños. Desde el terror a las cucarachas, los sapos y los ratones, hasta cosas más importantes y trascendentales como el miedo al fracaso, a la desilusión y al rechazo. Y aquí estriba nuestro mayor reto: heredarle a mis hijos las herramientas para crear su propio futuro y sus propias experiencias, y no “intoxicarlos” con aquello que me ata a mí. Te voy a dar dos ejemplos bien sencillos, y que me atrevo a tomar prestados de esa ilustre venezolana que ya no está físicamente entre nosotros, pero que continúa educándonos a través de su maravillosa obra literaria: Conny Méndez (Si no la conoces, búscala en google”. No te vas a arrepentir de leer su Librito Azul, y consigues el pdf de gratis en internet). Conny utilizaba estos dos ejemplos que me marcaron a los 13 años cuando la leí por primera vez.

Número uno: ¿Por qué le decimos a nuestros hijos que mojarse con el agua de lluvia les va a causar un resfriado? ¿Acaso no es lo mismo que mojarse con el agua de la ducha? Si existe algún estudio científico que demuestre que mojarse con el agua de la lluvia causa resfriado, por favor, les agradeceré que me hagan llegar la información. Créanme que yo ya lo busqué en Google, y todo lo que encontré fue que estresores externos “pudieran” aumentar la posibilidad de que alguien se enferme.  Pero la ciencia dice, que la gente se enferma por exponerse a virus o bacterias. Y si me preguntan, seguro que el agua de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados tiene más de esos que la de lluvia. Ahora bien, nuestros cerebros son fácilmente maleables y adiestrables, sobre todo en la niñez, y muy bien crearán la respuesta para la cual se les programó desde bebés. De tanto decirle a alguien que se va a enfermar si se moja, créeme que su cerebro lo va a complacer y se va a resfriar.  Número dos: “Nene, deja de hacer eso, que te vas a caer y te vas a dar un golpe”. La madre que no haya dicho esto (y me incluyo), que tire la primera piedra. ¿Sabes qué? Lo peor de todo no es que estemos condicionando al niño a que tema golpearse, lo terrible es que luego le decimos: “¡Te lo dije que te ibas a caer!” Pues claro que se iba a caer, si se lo pronosticaste, se lo informaste, se lo cantaleteaste, y por ende, lo convenciste. Con esto no me refiero a que no vayas a detener una conducta insegura de tus hijos. No es eso. Pero cuántas veces no decimos esta frase cuando realmente no existe un peligro real. Piénsalo la próxima vez que vayas a utilizarla, y dime si no fue una exageración para la situación específica.

Es importante que recordemos que nuestros hijos vinieron através de nosoyoli dante2tros, pero no son nuestros. Son entes totalmente independientes (al menos mientras sean parte de esta tercera dimensión material), con un alma propia, una misión propia, y unas necesidades propias. Tus hijos no vinieron al mundo para estudiar lo que tú querías pero no hiciste nunca (y si estas vivo, ¡todavía puedes!). Tampoco vinieron para cuidarte cuando tú estés viejo (¡Qué mito más egoísta! El verdadero amor no espera nada a cambio). Tampoco, para convertirse en la estrella de tu deporte favorito, el cual a él o a ella le da lo mismo, pero que tú piensas que te va a sacar de pobre cuando llegue a grandes ligas. Pero con esto no quiero decir que no puedas con la misión de ser madre. Tus hijos te escogieron a ti (sí, antes de cruzar el portal interdimensional, lo hablaron con Dios). Y te escogieron porque eres la persona perfecta para enseñarles lo que necesitan aprender en esta vida, o quizás porque vienen a enseñarte ellos a ti (y díganme que no hay muchísimos niños por ahí que son almas viejas y saben más de compasión y de amor incondicional que muchos adultos). Sin embargo, esa enseñanza que le debes ofrecer, debe brotar de tu amor y no de tus miedos. Dale a tus hijos el espacio para ser ellos mismos, para explorar sus capacidades y su espiritualidad sin tapujos y sin juzgarlos. Y por sobre todas las cosas, herédales una mente positiva, enséñales a ver lo bueno de cada situación, y ofréceles el respeto que se merecen como seres humanos. Ese es el mejor regalo que una madre le puede hacer a sus hijos. Continue reading “El Mejor Regalo de una Madre a sus Hijos”