The Two Faces of Forgiveness

pointingOn countless occasions, we have heard about the virtues of forgiveness. It is constantly stressed to us the importance of forgiving those who offend us. However, I think there is a very important aspect of forgiveness we constantly ignore: forgiveness has two faces. Yes, because the true act of forgiveness requires, not only forgiving that whom I point at with my index finger as my transgressor, but also that whom I point at with the other three fingers.

In our obsession to see ourselves as victims of circumstances, we forget that in every situation, we have a choice, and thus, a responsibility. We are the architects, the creators of our circumstances, including those in which we have felt offended by someone. In fact, to a large degree, the “offense” takes place when the person who “offends” us does not comply with our expectations of them. Then, doesn’t the “offense” arise from ourselves, from our tendency to give to others expecting something in return, or from our obsession to fit everyone onto our version of the world?

Forgiveness is one of the pillars of unconditional love. It is impossible to love unconditionally and not forgive. But equally, it is impossible to forgive others without forgiving ourselves first. There lies the difference between real forgiveness and forgiveness that arises from ego, and which provides us with a false tranquility because we assume having done what is right by forgiving the other. However, such tranquility is fleeting, and sooner or later, resentments resurge, because we never forgave the other main character in the story: ourselves. Remember as long as we blame others for what happens to us; we yield our power. Once we acknowledge our responsibility within the offense, we get back our power, and we can invest it towards our spiritual growth.

I invite you to reflect upon all those situations in your life in which you felt offended by others, even those instances in which you think you already forgave. Observe your true feelings, analyze the facts, not with your mind, but with your heart. I assure you will be able to identify situations in which, up to now, you had not been honest with yourself, and you had yielded your power, by denying your part of the responsibility. Those are the emotions which hold us back and do not allow us to progress on our spiritual path. Work on them. Forgive yourself, reclaim your power, and above all, love yourself just the way you are. Remember that, in the words of Lewis B. Smedes, “To forgive is to set a prisoner free and discover that the prisoner was you.”

Las Dos Caras del Perdón

En innumerables ocasiones hemos escuchado hablar de las virtudes del perdón. Se nos recalca constantemente la importancia de perdonar a aquellos que nos ofenden. Sin embargo, me parece que hay un aspecto muy importante del perdónpointing que muchas veces pasamos por alto: el perdón tiene dos caras. Sí, porque el acto verdadero de perdón conlleva, no sólo perdonar a aquel al que apunto con mi dedo índice como a mi transgresor, sino también a aquel al que apunto con los restantes tres dedos.

En nuestro afán por vernos como víctimas de las circunstancias, olvidamos que en toda situación, tenemos una elección, y por ende, una responsabilidad. Nosotros somos los arquitectos, creadores de nuestras circunstancias, incluyendo aquellas en las que nos hemos sentido ofendidos por alguien. De hecho, en gran medida, la “ofensa” tiene lugar cuando la persona que nos “ofende” no cumple con las expectativas que tenemos de ella. Entonces, ¿acaso la “ofensa” no surge de nosotros mismos, de nuestra tendencia a dar esperando recibir algo a cambio, o de querer encajar a todos en nuestra versión del mundo?

El perdón es uno de los pilares del amor incondicional. Es imposible amar de forma incondicional y no perdonar. Pero igualmente, es imposible perdonar al prójimo sin antes perdonarme a mí mismo. Ahí estriba la diferencia entre un perdón verdadero, y un perdón que surge del ego, y que nos provee una falsa tranquilidad porque presumimos el haber hecho lo correcto y haber perdonado al otro. Sin embargo, esa tranquilidad es pasajera, y tarde o temprano, los resentimientos resurgen, porque nunca perdonamos al otro protagonista de la historia: nosotros mismos. Recuerda que en la medida en que culpamos a otros por lo que nos sucede, estamos cediendo nuestro poder. Una vez reconocemos nuestra responsabilidad dentro de la ofensa, recuperamos ese poder, y lo podemos emplear en pro de nuestro crecimiento espiritual.

Te invito a reflexionar sobre todas esas situaciones en tu vida en las que has sentido que has sido ofendido por otros, inclusive en aquellas en que piensas que ya perdonaste. Observa tus verdaderos sentimientos, analiza los hechos, no con tu mente, sino con tu corazón. Te aseguro que podrás identificar situaciones en las que hasta ahora, no habías sido honesto contigo mismo, y habías cedido tu poder, al negar tu parte de la responsabilidad. Esas son las emociones que nos estancan, y no nos permiten progresar en nuestro camino espiritual. Trabaja con ellas. Perdónate, retoma tu poder, y sobre todo, ámate tal como eres. Recuerda que, en las palabras de Lewis B. Smedes: “Perdonar es poner a un prisionero en libertad y descubrir que el prisionero eres tú.”